Aigua taronja

Es un frutero de piedra negra con vetas de un color verdoso vibrante, como el de las moscas grandes. En las moscas resulta repulsivo, pero en el frutero queda bien. Tiene adornos de hojas y flores, pero están incrustados en una piedra poco más clara que el frutero, así que son tan sutiles que casi no se ven. Le gustaba la sutileza de los adornos y le gusta imaginárselo lleno de mandarinas, repleto de frutas naranjas húmedas de rocío. Quien lo preguntó no lo sabe, pero el frutero le recuerda a las mandarinas, a pesar de que no existen ni el frutero ni las mandarinas. Había un frutero, pero no era ese, no era esa piedra negra, no era ese candor verdoso vibrante, ni esas frutas con rocío naranja. Al final lo tiraron, pero a mí me gustaba. Se imagina que le gustaba, no deberían haberlo tirado. Se imagina que no deberían haberlo tirado.

Un frutero de chapa de madera marrón. Hay manzanas rojas con vetas verde claro, y plátanos amarillos con manchas oscuras. Hay mosquitas de la fruta pululando nerviosas. Sus nervios son pequeños, de mosquita de la fruta.